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Cadenas




"Cierra fuertemente los ojos, pequeña,
y la parcial oscuridad en la que viven tus retinas
desaparecerá para traerte la absoluta carencia de luz".




La celda tenía tan solo cuatro paredes, en una de las cuales se encontraba la pequeña puerta de barrotes metálicos; el único hueco por el que se colaban el oxígeno y la luz en aquel agujero. Llevaba horas encadenada por las muñecas y el cansancio comenzaba a apoderarse de ella, obligándola a colgarse de las sujeciones para mantenerse en pie. Pero no estaba sola. Había contado dos voces entre la oscuridad que cubría los rincones de la estancia, allí a donde no llegaba la claridad; dos voces enfadadas y desesperadas que ansiaban lo mismo que ella; una libertad de la que, al menos ella, no lograba recordar haber sido privada.

- Es inútil - se dijo, y a sus siseados pensamientos les siguió un largo suspiro. Había algo extraño en todo aquello, algo más extraño de lo que podía verse observando desde fuera; un matiz de familiaridad en las voces, un deseo de conexión con la silueta que en ocasiones podía entrever frente a ella, aguzando su vista y adaptándola a la falta de luz. Había algo en las expresiones y en las palabras que intentaban esconder que hacía temblar sus manos y respirar más fuerte a sus pulmones, algo que quería arrancarla de esa pared que la retenía. Pero no lograba recordarlo. ¿Cómo había llegado hasta allí? ¿Por qué? ¿Hasta cuándo la tendrían encerrada? Preguntas que no lograba responder y de las que ninguno parecía conocer la respuesta.

- Shinju... - escuchar su nombre de los labios de aquellos dos desconocidos le había producido escalofríos poco antes, pero esa tercera voz, hasta entonces silenciada, la alcanzó con su delicado tono rasgado hasta clavarse en su pecho. No entendía si debería ser así. No entendía nada -. Así dijiste que te llamabas, ¿no?

El nudo en su garganta no quiso obedecer a sus órdenes, negándose a desaparecer. Sabía que debía hacerse más preguntas, porque ese chico que entonces la llamaba llevaba horas en silencio, a su derecha, y ni siquiera había advertido su presencia.

- ¿Quién está ahí? - el chico de enfrente, Adam, parecía asustado entonces, aunque lo ocultara bajo su enfado y una agresividad que hasta entonces no habían mostrado sus palabras.

- ¿Hay alguien más? - tembló la voz de Marie, al son de unas cadenas moviéndose con cierto frenesí. No pudo evitar imaginarse su cuerpo alejándose todo lo posible de la nueva voz, tirando de la distancia, aumentándola.

- Shinju - volvió a golpearla, ignorando las crecientes quejas -. Eres Shinju, ¿no es cierto?

- Sss... sí - balbuceó -. Soy Shinju.

El silencio que siguió era solamente cortado por las fuertes respiraciones de Marie y Adam, poseídos por el mismo miedo y la misma incertidumbre que ella. Expectantes, no pudieron alzar la voz ni siquiera tras escuchar la tenue risa entre dientes que el desconocido profirió.

Casi podía verle sonreír aunque no conociese su rostro.

- Pues, Shinju. No les digas nada.

Absorbió su cuerpo entonces la oscuridad, la que la rodeaba a ella, la que los escondía a ellos. No entendía sus palabras, ni el tono de su voz, ni esa diminuta risa que había conseguido erizarle la piel. El desconocido la había alcanzado sin llegar a tocarla, se había colado en su interior en un instante tan ínfimo como su sonrisa invisible y había destruido cualquier resto de calidez y familiaridad.

Ya no quedaba en su mente lugar para las preguntas, pues no había respuestas.





"Camino tras las sombras de lo que fue el pasado y las mentiras que serán el futuro".






Redactando desde su desviado rincón,
- Shinju J. J. (21/04/2011), yoroshiku onegai shimasu.