Respira


Respira



"Now it hurts in the worst way,
now that you are gone".*



Aún con la mano extendida no conseguía tocarle, no su vida. A dos pasos de él estaba todavía su consciencia tan lejos de mí que apenas podía sentir el calor de su cuerpo. Era frío como el hielo que no consigue derretirse en una tormenta de nieve. Sus ojos, pálidos recuerdos del fulgor que los había invadido antes del último chasquido, eran débiles como la delgada piel de sus temblorosos brazos. Recordaba el hiriente color que ya no estaba, al igual que su voz, quebrada y silenciada. Deseaba arroparlo, apresarlo contra la calidez de mi pecho, entregarle mi ser de la misma forma que había devorado el suyo. Quería dejar de ser más fuerte y más viva y mostrarle el placer que te estremecía hasta los huesos al ver escaparse la vida entre tus dedos, como fina arena que es irrelevante en un desierto, como las gotas de agua que son invisibles en la incesante cadencia del océano. Pero era su sangre la que cubría el espacio que nos separaba, su roja y brillante fragancia carmesí ascendiendo hasta inundar mi mente con su grotesco sabor metálico. Era su muerte quien gritaba, aunque jamás llegaría a ser escuchada.






- ¿Por qué cierras tus ojos si ya no puedes ver?
- Porque mis lágrimas se escaparían llevándose mi vida.







"And down below your veins run dry your vacant eyes,
I lost control, your face is pale,
your body's cold".*





(* Pertenecen a Escape the fate).

Redactando desde su paupérrimo rincón,
- Shinju J. J. (13/04/2011), yoroshiku onegai shimasu.

Mi oscuridad tiene un precio

Mi oscuridad tiene un precio




¿Qué suspiras cuando mientes? Tus ojos se escapan de los míos y me impides ver qué hay en su interior, lo que no puedes esconder tras el cristalino llanto húmedo que retuerce tus entrañas; y las mías. Mientras tus recuerdos se acostumbran a esfumarse de mi mente, infectas nuestras sonrisas con el agridulce tacto de esa vanidad que usas como escudo. Te pierdes de ti mismo, te dejas arrastrar y apartas mi mano cuando estás tan cerca del abismo que puedes sentir el cal
or del Infierno rozarte la piel.

¿Qué ves en tu rostro reflejado en otros ojos? ¿Qué hace la muerte merecedora de tan inestimada vergüenza? ¿Qué hay en otros labios tan fuerte que ya no deseas perderte camino de la inestabilidad que antes solía ser suficiente? Explícale a mis inertes manos por qué ya no pueden necesitar tu tacto, por qué mis sordos oídos ya no pueden querer saborear el sentido de tu voz, por qué mi corazón debe continuar latiendo indefinidamente sin abrazar el temblor de tu interior. Explícale a mi vida como recuperar la tuya cuando me hayas dejado atrás.



"Prende mi corazón en una llama
y derrama el líquido de mi vida a tus pies,
donde siempre tenga un lugar en tus miserias".


Mi oscuridad tiene un precio y solamente tú puedes pagarlo.






Redactando desde su monocromático rincón,
- Shinju J. J. (11/04/2011), yoroshiku onegai shimasu.

Mentiras que nuestros ojos cuentan





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Isiltzen banaiz|

Hablar sobre ello lo hacía real. Las pesadillas luchaban por alejarlo de mí, enterrándome a demasiados metros del suelo. Recuerdo que solía colarme en tu cama los días de tormenta, asustada, aunque jamás lo admitía por las mañanas. Tú fingías seguir durmiendo y me arropabas entre tu pecho y tus brazos, consolando el temblor de todos mis miedos. El movimiento bajo tu piel me tranquilizaba mientras sonreías fuera de su alcance. Me gustaba pensar que tan sólo me pertenecías a mí en nuestras frías noches de invierno, que sólo importaban mis deseos y que el resto del mundo desaparecía para ti. Me gustaría seguir pensándolo ahora, ahora que tus ojos me miran desde el otro lado del infinito agujero negro que te impide dar el último paso hacia este lado, hacia mi lado. La venganza no consigue rellenar el hueco que cavaste en mi pecho, en mis tripas y en mi alma.

"¡Responsabilízate!", grité, pero el estrellado cielo de primavera no respondió. Nunca lo hacía.

"¡Responsabilízate! ¡Baja y tapa este agujero!".

Decenas de estaciones habían pasado ya, cambiantes, en constante movimiento, pero cada vez que tu invierno marchaba, mis primaveras se hacían más largas, mis ojos húmedos se desangraban con más de tus recuerdos y la culpa en mi pecho perforaba con más profundidad. Ella ya te había olvidado, ellos habían dejado atrás la carga y el resto del mundo seguía girando, pasando por encima de mi estática posición, clavadas mis rodillas en el verde campo donde por primera vez me habías mostrado nuestro lugar en el cielo.

"Baja y tapa este agujero antes de que mis manos vacíen otro pecho en busca de tu luz"
.









(Si me callo)

Redactando desde su quebrado rincón,
- Shinju J. J. (05/03/2011), yoroshiku onegai shimasu.

Semilla de oscuridad





No desperté esa mañana. La luz solar llevaba al menos una hora iluminando todo el cuarto, contagiando cada rincón con ese brillante deseo de resplandecer que tan sólo desde ahí arriba podía parecer hermoso. Siempre era cegador, pero mis ojos ya se habían acostumbrado a ello, arrancados de la cadencia del frío nocturno que los astillaba y humedecía. Solamente me quedaba como recuerdo de esta nueva abandonada noche el calor que todavía recorría mi cuerpo al llegar a mi mente imágenes de las lejanas luces de neón de la ciudad, como viejos fantasmas retorciéndose lejos de mi alcance, burlándose de mi inducido insomnio.
Porque corría para seguir despierta. No me poseía ese miedo existencial que obligaba a mi tío a tomar anfetaminas para no enfrentarse a sus pesadillas, ni necesitaba horas extra lejos del mundo de los sueños para realizarme como la histérica de mi prima. Todas esas horas que la gente desperdiciaba durmiendo mi mente las utilizaba, según el psicólogo, para pensar. A mi particular curandero del alma le gustaba tanto hablar que resultaba raro que su trabajo se basara en escuchar los problemas de sus pacientes, ya que desconocía que mientras los demás dormían, yo solamente quería seguir viva unos minutos más. Por eso corría, impidiendo a mis ojos cerrarse, adueñándome de esa parte de mí que mi subconsciente quería manejar a su antojo, alejándola de mi raciocinio y mi realidad. Porque existía, aunque solamente en mi cabeza, esa semilla de oscuridad que otros se negaban a regar, y debía hacerla crecer bajo mi mando, en la dirección que sólo yo sabía que debía tomar.

Por eso no desperté esa mañana. Uno no se despierta si no está realmente durmiendo.








Redactando desde su aplacado rincón,
- Shinju J. J. (24/02/2011), yoroshiku onegai shimasu.

Ves cicatrices en tus heridas abiertas


Ves cicatrices en tus heridas abiertas



Of all the people, why now?*




Sentir.

Trajo consigo el refrescante aroma de la brisa marina, reverberante en cada rincón de aquella ciudad y, como las olas rompiendo contra la costa, despertó sus sentidos parcialmente aletargados, llevándose intenciones jamás creadas.

Sentir es sólo un verbo.

Faye observaba su oscura figura en la puerta, con el frío punzante del metálico cañón todavía perforando su sien. No podía hallar incomprensión o confusión en su mirada; de algún modo ambos conocían verdades que situaban actos como ese a su más cercano alcance.

Es tan sólo una palabra.

No sabía qué debía hacer, cómo debía actuar entonces. Su voz le gritaba desde su interior, entre el implacable silencio que rodeaba sus cuerpos; gritaba y le pedía unas fuerzas que le habían sido deliberadamente arrebatadas por esas manos que entonces veía caer junto a su cuerpo, y su propia voz rogaba por abrir alguna de todas las puertas que hallaba entonces cerradas en su mente. Había hecho más débiles sus golpes, más lento su corazón; con su naturaleza inmune al veneno que ella y todos aquellos que vivían a su lado del muro compartían, se había hecho más fuerte, a su costa. Quería dispararle a él entonces, pero su mano finalmente cayó en su regazo, golpeando sus desnudas piernas con el eléctrico frío que desprendía su arma. Él no sonreía, tan sólo la miraba, y sus ojos no la perdonaban. Esos ojos, esa férrea mirada que la había juzgado tantas veces cuando se ponía en peligro, cuando se hería y seguía luchando, cuando seguía sangrando y lentamente asesinándose; esa mirada que ya no quería enjaularla ya nunca doblaba sus piernas.

Son letras sin significado.

Habían luchado juntos infinidad de veces, habían vencido y perdido sin importarles siquiera quién pagara sus heridas y justificara sus pasos sembrados de fríos cadáveres. Había reído Faye a su costa tras crueles encargos, deshaciéndose de su ropa ensangrentada al mismo tiempo que de su frágil sentimiento de culpa. Habían dejado compañeros atrás en una guerra que no era suya, que nunca lo había sido. Habían buscado culpables y olvidado la razón para seguir tal búsqueda. Habían venido de caminos distintos, recorrido el mismo, para separase de nuevo en diferentes finales. Tras años de condena habían vuelto a encontrarse, a perderse y de nuevo a recuperarse.

Es una mentira.

La cárcel la había cambiado. Jei lo sabía, lo había notado.Cuando la había encontrado en la colina, reflejando las llamas de una ciudad que había visto su destrucción lejos de sus retinas, había sentido ese peligroso escalofrío que siempre le recorría el cuerpo cuando se encontraba frente a algo que debía temer. De la misma forma que lentamente retrocedía un paso frente a una serpiente. Jei conocía cada rincón oscuro de su miedo interno, aquello que la obligaba a despertar con pesadillas y que la había llevado a dirigir su arma hacia sí misma en un vano intento de liberarse. Por éso no podía dejar de mirarla y la ira se estaba apoderando de ella a través de su negra mirada. Veía temblar su cuerpo, atravesado por la fría corriente que movía las cortinas de su única ventana y arrastraba las sucias sábanas sobre las que su desnudez descansaba. Los segundos prolongaban el silencio, tensando la fina línea que los unía y que rogaba por permanecer intacta; pero ambos sabían que no terminaría pronto. Sus existencias se tambaleaban a ambos lados de un muro que había sido levantado hacía demasiados años como para que ninguno recordara la razón.

- ¿Crees en las casualidades, Faye?

La voz del joven atravesó la habitación, cortando el silencio en dirección al gélido estado en que ella se encontraba. Su reacción no lo sorprendió, pues no hubo tal, y solamente consiguió aumentar la ira que cerraba sus puños y que deseaba golpearla.

La puerta se cerró a su espalda con su fuerte patada. Quería gritar. Quería hacer caer ese maldito muro y devolverla a la cruda realidad en la que él vivía, la realidad de la consciencia y la sobriedad. Tras haber estado desaparecido tanto tiempo, ni siquiera un día había intentado ir tras él. Lo había dejado marchar. El hielo derretido de su último vaso de whisky seguía en la mesilla, junto a las colillas de sus últimos cigarrillos y pisaba los pedazos del jarrón de cerámica que había roto contra su espalda justo antes de marchar. Todo seguía tal y como lo había dejado. Incluso el degradado aspecto de Faye era el mismo.

No podía evitar preguntarse cuándo se había convertido en algo tan indispensable en su vida, en qué momento su cerebro había dejado de concebir la vida sin él, por qué había cambiado tanto. ¿Dónde estás, Faye?

Sus rodillas encontraron el suelo junto a la cama, cayendo su rostro hundido en sus brazos ante el cuerpo frío de Faye, que vio descender su mirada hasta él. Quería recuperar la fuerza que le había robado, pero entonces había desaparecido de él también, colándose entre los sollozos que su cabezonería quería esconder, escapándose hacia un vacío donde sus manos no podrían alcanzarla. Sus manos arañaron con fuerza la camisa que cubría la temblorosa espalda de Jei, demandando un silencio que también quería arrebatarle, y sus pensamientos se abrieron paso hacia el exterior, agrietando una garganta que casi había olvidado el sonido de su voz.

- ¿Por qué lloras, Jei?

- Porque todavía ves cicatrices en tus heridas abiertas.




Save me.*







(* Pertenece a Dinosaur Jr.)

Redactando desde su mortífero rincón,
- Shinju J. J. (21/01/2011), yoroshiku onegai shimasu.